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viernes, 5 de abril de 2013

Nicaragua - parte 2

La primera impresión que tiene uno en Nicaragua cuando se va por tierra, es la de los enormes molinos de viento que te reciben desde la frontera, hasta poco antes de llegar a Rivas. Gigantescas torres blancas que mueven sus aspas indiferentes a la mezcla de miedo y admiración que producen. Mas allá, las auténticas maravillas: Los volcanes Maderas y Concepción y el fantástico lago de Nicaragua que en éstos días licuaba ventoleros repleto de puntitas blancas.

No es la primera vez que paso por ahí. Sin embargo siempre me sobrecogen ésos palos enormes dando vueltas sin parar. Pienso inevitablemente en Don Quijote que ante estos hubiera salido aún mas mal parado que contra aquellos medievales que se usaban para moler el trigo.

De ahí se nos vino la noche encima y sólo veíamos vestigios de seres humanos en casitas en el medio de una oscuridad llamativa. Cercas vivas y mas cercas vivas. Al regreso comprobé este paisaje y me dejó boquiabierta su sequedad. Casi desértica, Nicaragua pierde todo verde (Excepto por los palos de mango que andan sembrados por acá y por allá). Los ríos, aún los profundos se ven como la pesadilla creada por un autor de ciencia ficción. Cauces empedrados y hondos, y nada. Ni una gota. Casitas de ladrillos cocidos en medio de aquellas polvaredas inmisericordes y la sensación estática omnipresente de que acá algo se detuvo hace mucho y no se volvió a mover. Hay que hacerle dos visitas a Nicaragua... Hay que verla en invierno... poblada de vida. Con sus aguaceros dementes y su fogosidad tropical. Contrastes y contrastes. Eso es Nicaragua.

Llegar a Granada es otra cosa. Pero OTRA cosa.

Desde que se entra al "Centro Turístico" los aromas a fiesta y bonanza se sienten al minuto uno de ver la plaza. Carros, carruajes y peatones por todas partes. Buses y mas buses de turismo, escándalo, música, jóvenes bien vestidos que aprovechan los días libres. Granada, dentro de Nicaragua es un universo aparte.

La ciudad es de arquitectura colonial restaurada en su centro. Hermosa, detallada.  Sin embargo, como diría el anuncio limonense, lo mejor de Granada no consiste en su bellísima arquitectura. Definitivamente lo mejor de Granada es su gente. Esa sensación de pueblo pequeño en el que todo el mundo se conoce, donde la gente saluda fácilmente, se ríe y sonríe.

Granada siempre me sorprende. Es la cuarta vez que estoy en ésta ciudad y ni una sóla de las veces me ha dejado insatisfecha. El pueblo llano, los edificios hermosos, la sensación se seguridad. Una fiesta que acampa en todas las esquinas.  Si, hay basura, como se encuentra desgraciadamente ahora en toda Centroamérica, sin embargo no podría ni remotamente describirla como una ciudad sucia.

Y está la Calzada... que yo creo que yo votaría por Johnny Araya si hiciera algo parecido a éso en cualquiera de los boulevares... Bar tras bar, restaurante tras restaurante, cientos de mesas y sillas a lo largo de cinco o seis cuadras... No se trata sólo de la sensación de fiesta... es que huele a libertad, a alegría, a mesas que comparten de un lado al otro. Gente y música sin nacionalidades.... A San José le falta éso!

Y si, hay mendigos, muchos... y vendedores de tonteras, muchísimos... Los hay en todos los lugares del mundo ... pero en Nicaragua a mi me parten el corazón, porque uno sabe que cada vendedor está con sus tiliches porque no encuentra trabajo y ésa es la mejor forma de solucionarlo... Me duele ésa Nicaragua. Me duele la gente triste porque tras tanta guerra y tanto muerto no hubo soluciones.  Se queda uno con la pregunta sin respuesta del "¿Y ahora que sigue para Nicaragua?".
Espero de veras que el turismo sea una respuesta. Nicaragua es sensiblemente mas barato que Costa Rica, su clima es mejor y poco a poco se va haciendo de una infraestructura. Y definitivamente hay una sensación fuerte de estar en un país seguro, a pesar de su pobreza.

No sé... Me jode la corrupción ahí mas que en cualquier otra parte y me jode ver que no hay a éstas alturas del partido suficiente industria como para que los nicas tengan trabajo y mejores sueldos.

Sea como sea, hay que ir allá, hay que tocar Nicaragua, verla, olerla, sentirla. Es un país hermoso, con gente alegre a pesar de sus pesares.  Y a Granada hay que ir y quedarse, por todo el tiempo que se pueda... caminar por sus calles, subir a sus campanarios y absorberla, acera por acera, teja por teja, adobe por adobe.



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