Ayer vi la Vida de Pi.
Y hoy me levanté con mi tigre de bengala personal acechándome desde la esquina de mi bote...
Me puso a pensar ésta película.... es de ésas que mientras estás viendo no "ves"... Te distrae con su belleza escénica y su sentido del humor estrafalario. Sin embargo al salir queda uno en un estado mental sacudido. Sabés que viste algo fuerte y profundo. Sabés que lo que viste está aqui para ser masticado, regurgitado y vuelto a masticar... digerido a poquitos... Porque es demasiado fuerte para la cotidianidad superficial en la que estamos metidos.
Sin embargo hoy, que amanecí con el tigre hambriento al otro lado del bote, me quedo pasmada de lo fácil que me la puso la película para reconocer a ése animal, sediento de mi sangre, que tengo al otro lado del metro cuadrado en que me toca vivir a diario.
Porque la verdad si, puedo cederle mi espacio y tirarme al agua de mis emociones y ahogarme en ellas. Puedo pelear con él hasta quedar exhausta y habiendo ganando, quizás, uno o dos centímetros de terreno... que además, seguramente, perderé mañana. O puedo... ¡Maravilla de maravillas! Sencillamente convivir con él. A sabiendas de que está pero quedar en Paz con su presencia en mi vida.
Hoy que siento que las cosas no suceden, porque vienen a suceder mas fuertes para mañana... me acosa la sensación de que tengo que responderle al tigre para que no me coma... Sin embargo, si veo mi vida, aqui sentada en mi cama escribiendo en una computadora portátil... No hay tigre, no hay bote, no hay tiburones acechando... La seguridad me envuelve. Tengo deudas y problemas... ¡Claro! Pero nada de mi vida, ni la de mis hijos está en verdadero y descarnado peligro... El tigre lo llevo por dentro. Y tengo que amaestrarlo. Callarlo. Enseñarlo a desaparecer de mi vida. Enseñarme a mi misma que el tigre, en realidad soy yo.
Porque si muevo mucho el bote terminamos los dos en el agua. Porque si me peleo con él, puedo terminar muerta y ser reemplazada por ésa bestia instintiva y enojada que es mi tigre personal. Porque no puedo hacer mas que sentarme a la proa del bote y dejar que las olas me lleven, a mi y a él a un puerto seguro donde también temporalmente, todo va a estar bien.
He de confiar y respirar.
Respirar y confiar... Porque en el bote está él. Mi miedo.
Pero a todo mi alrededor y en mi, está el Infinito.