Nicaragua... Una seriecita de impresiones sobre mi viaje a ésa tierra hermosa de gente bien pero bien buena nota!
Vengo de un tour en Nicaragua... Un paquete de Semana Santa en el que funcioné como "coordinadora" de grupo. No voy a dedicar este post a ése grupo, aunque debería si, por lo menos decir que, siendo un grupo de ticos fue sorprendentemente bien educado, puntual, simpáticos y agradables. Me siento orgullosa como guía de poder decir eso en voz alta.
Pero... no es a éso a lo que quería referirme acá... Quiero hablar de Nicaragua... De Granada y de Nicaragua... que a veces parece que es, como un país dentro de otro. O un mundo dentro de otro mundo...
Lo primero que quiero comentar es la corrupción masiva de los funcionarios nicaragüenses de quiénes dependemos los que cruzamos la frontera. Casi podría apostar a que buscan cualquier detalle, por mínimo que sea para decir "no" y así, poderle poner un precio a su "si". Es brutal y asqueante el chantaje al que se someten las cosas en ésta región tan fenomenalmente necesitada de turismo.
No voy a entrar en lo minucioso, simplemente tengo que decir que todo, absolutamente TODO se mueve a punta de chantajes económicos. Te paran por lo que sea, y te cobran dependiendo de la necesidad y la importancia de ésa necesidad y el precio del que te la puede solventar va desde $10 hasta $150...Y supongo que no hay un límite máximo en ésa podrida escala de precios. Con la amenaza de que te pueden dejar botado simplemente ahí, en la mitad de la nada: "no entra"... "Se queda acá". "No se puede", "no hay nada que hacer", "Di, se tiene que devolver pa Costa Rica", son palabras mas comunes de lo que cualquiera quisiera oír en una frontera.
Ahora si la realidad nicaragüense fuera que el país nada en turismo y sus divisas... todavía! (Y si, ni así!) Pero un país con un 60% de desempleo no se puede dar el lujo de tener funcionarios que exprimen de una forma tan vergonzosa a sus visitantes... a la entrada, y a la salida.
Son flojos para dejarte pasar si tenés la billetera suelta. Son flojos para hacer, por ejemplo, la fumigación del bus, la revisión de equipajes y otras bellezas que pueden causar desde una plaga de roya hasta una, lamentable, de drogas. El no revisar maletas cuesta $10... un sello equivocado en un pasaporte puede costar hasta $150. En ésa frontera, de entrada y de salida, lo cotidianamente fácil es imposible hasta que se paga... Y lo imposible se vuelve facilísimo... pagando. Triste, triste, triste.
Y es que si, es una población con un 60% del desempleo que lucha con uñas y dientes para salir adelante. Inimaginable para nosotros que vivimos con la esperanza diluida en el aire que respiramos y que sabemos, que para todo hay solución. En Nicaragua no. En Nicaragua las soluciones sólo las tiene el 40% de la gente.
En la calle te venden anteojos, llaveros, dulces, cigarros, agua en bolsitas, sandalias, lápices y lapiceros, agujas, ropa, sapos disecados en posiciones dudosas y de todo lo que se nos puede ocurrir y seiscientas cosas que jamás imaginaremos. Cada cual sobrevive como puede y los turistas son una salida, pero, definitivamente Costa Rica es respuesta para esta gente cuya única fe está en vender algo para comer ésa noche.
Me tocó por ejemplo ver a un muchacho, vendiendo hamacas, pasar de un lógico precio de $30 al absurdo de $5. ¡$5! Por una hamaca tejida a mano! Jodido... porque yo no tenía ni $20 ni $30 para comprársela en el marco de la dignidad... ni uso para una hamaca... Y no iba a darle $5 porque no hubiera soportado verle la cara. Opté por dejarlo ir, decepcionado por no haberla vendido aunque la humillara a ése nivel.
Rudo.
No se ven piedreros como acá... tal vez uno que otro. Pero no es lo común. Es gente usual. Gente que acá vende frutas, dvds, limpia casas o pone blocks en las construcciones. Gente que lo que quiere, a como sea es trabajar. Comprensible que se vengan. Pero ¡Qué dolor dejar su tierra! Que es suya, a pesar de todo.
Y es que, por el otro lado, y de éso voy a hablar mucho mas en el próximo post... está la otra cara. la de la Nicaragua maravillosa que me tocó en éstos días... Que, además de ser hermosa por la historia y la arquitectura, es sorpresivamente alegre y espontánea. Llena de música en todos lados y fundamentalmente amable y gentil como sus dulces.
Granada me hizo irme de fiesta todas mis noches allá... porque además la compartí con mi querida y fantástica hija. pero además, es que es inevitable... tal vez producto de una semana repleta de visitantes, hay que irse una y otra vez a recorrer sus calles, a buscar micheladas con salsa inglesa y picante y a comer tostones a lo maje.
Por ahí sigo... mañana.
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