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domingo, 7 de abril de 2013

La actividad anoche.


Anoche me alteré.

En medio de la algarabía y el gentío de “Lloverá comida” me tocó separarme de mi familia para apoyar la parte médica del grupo.

Habían muchísimas personas. Y todo tipo de funciones. Ésa podía ser una de las difíciles. Y el médico que estaba a cargo me conoce a nivel personal desde hace años y le gustó la idea de que yo me fuera de "asistente". 

En el “convoy” que me tocó venía un grupo activo y pululante, que cumplieron a cabalidad con su trabajo de hacer llegar la enorme cantidad de comida a los cientos de seres humanos que pueblan nuestras calles, aceras y parques cada noche.
Sin embargo, a la hora de entregar las primeras comidas y tener contactos con las primeras personas me di cuenta de que les daban un número de teléfono de un “Centro de Restauración”.  Algunas llegaron a decirles que “Salieran de la calle”, que “dejaran ésa vida”. Escuché por lo menos una vez a alguien decirle a un indigente que “Aceptara a Dios en su corazón”.

Dentro de las cosas que mas me gustaron de “lloverá comida” en Diciembre fue la total ausencia de juicios y consejos. El respeto fundamental a las razones por las que la persona está ahí. La incondicionalidad. Lo laicamente respetuoso del movimiento.   Y ésta gente, en sus buenas intenciones (Porque no puedo negar que fueron buenas intenciones) me rompió ése molde. Y a mi me enojó muchísimo. 

¿Qué botón me tocaron éstos generosos cristianos? ¿Qué secreto dolor hay en mi con respecto a ésos grupos que anoche me surgió tan violentamente?

Supongo que hay una parte en mi, -como la habrá en miles de seres humanos- que se identifica con éstos desventurados que duermen entre orines y cucarachas.   Hay una parte en mi que los mira con el mismo gesto con el que me podría mirar a mi misma. Supongo que hay un aparte en mi que se ha sentido también rechazada y abandonada.  Supongo que hay una indigente dentro de mi… en alguna parte, a la que le gustaría ser amada y aceptada incondicionalmente.

Hay sin duda una Olga que respeta profundamente a éstas personas, su dolor, sus adicciones, su rebeldía furiosa, su insoldable soledad.  Su hambre de comida y de humanidad.

Y ése “discurso religioso” inevitablemente me recuerda a un dios que no me gusta. Ése dios al que me enseñaron a temer… Ese que pone condiciones para su amor. Ése dios que “muere por mi” pero que me pide, a cambio… morir por él. Que me amenaza, que me castiga. Ése dios humano en el que dejé de creer y para el que me volví profundamente atea por decisión personal.

Y es que no me gusta ése cristianismo que arrogantemente piensa que sabe lo que es bueno para todos los seres humanos. Que define el bien y el mal como si no fueran relativos a todos los momentos de la vida.  Me jode y me molesta que ése dios haya estado ayer repartiendo su palabra entre ésta gente que ya ha tenido suficiente culpa y miedo para mil vidas.
Hubiera preferido sólo darles comida.  La “comida espiritual” a alguna gente la intoxicó hace años y debería ser siempre una decisión personal el acercarse a tenerla.  No me gusta el plato que trae un salmo encima, que les recuerda que si siguen donde están van a ser castigados (Como si estuvieran ahí felices de estarlo y su infierno no fuera suficiente)…. Que el Amor Universal e Infinito, es para todos, en el tanto cumplás los requisitos…  De alguna manera ésas palabras cristianas, anoche, ensuciaron la pureza de la actividad. Le pusieron etiquetas, la limitaron a una religión, una creencia, una sola forma de ver la vida y las cosas… Y una forma además condicionada.

La verdad no me gustó.
Me levanté hoy con una sensación de cólera en el pecho.

Sé por mis hijos que el grupo en el que ellos estaban fue mucho mas libre y no se les echó una perorata que les recordara que eran el hijo… que podría ser pródigo… pero ¡Todavía no!...
Me dolió montones que se ensuciara la actividad con eso. Me dolió por la actividad y me dolió infinitamente por las personas a quiénes llovió comida con discurso religioso.

Espero, de verdad, que para la próxima se avise que no se trata de eso. Porque prefiero quedarme en soledad haciendo sanguchitos para los indigentes que viven en mi cuadra que repetir una sola vez la experiencia de anoche.

Realmente me molestó. Me enojó. Me decepcionó. 

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