Tengo la maña de leer historia medieval... No sé qué tiene ésa época que la encuentro tan fascinante... Quizás que es todo lo contrario a lo que soy y que la veo desde una vitrina. Por una ventana en la que estoy segura y tranquila y sus horrores no me tocan... ¡No sé! La cosa es que me estoy leyendo la biografía de Eduardo III, el hijo del desafortunado Eduardo II y su reina francesa que lo mandó a matar de una forma horrible. Iniciador de la Guerra de los Cien Años en la que Inglaterra terminó de perder lo que le quedaba de tierra en el continente.
Este rey, que comenzó a reinar a sus catorce pasó, literalmente hablando tooooooooda su vida en guerra... ¡TODA su vida!
Inimaginable para nosotros que no hemos tenido un día de guerra en nuestras vidas.
Y me quedo pensando... viendo a Eduardo III... ¿Para qué? Han pasado 636 años desde su muerte... y a éstas alturas sólo los excéntricos como yo sabemos de su vida. Han pasado 636 años de su muerte y me pregunto si de veras hay algún británico que le agradezca a ése hombre esta desgarradora guerra final en que Inglaterra por fin acepta ser isla y no continente.
¿Fue feliz o no?
No hay forma de saberlo. La guerra del medioevo no es un campo de batalla glorioso en que resuenen trompetas y se viva a ritmo de Wagner... Es un campo hediondo a muerte, donde tienen que haber pululado ratas y moscas, cucarachas y todo tipo de asquerosidades aliméntandose de los muertos. Tiene que haber sido un lugar donde el hambre se diera usualmente, el frío y el miedo tremendo a ser la carroña de mañana.
Era un lugar donde se arrancaban brazos y piernas, ojos, cabezas, orejas, etc con una facilidad escalofriante... y mejor morir a ser tomado prisionero... Por mucho!
Y no sabías si eran tus orejas, tus piernas o tu cabeza la que iba a ser arrancada mañana.
Las armas eran filosas... pero no necesariamente letales. No todas.
Y este hombre vivió ahí... toda su vida! Y... ¿Para qué? ¿Para probar que tenía la razón?.
¿Para tener poder sobre la parte de Francia que perteneció a los normandos (El norte, justamente la Normandía... Bretaña y demás)?
¿Hubiera peleado igual si la vida se pudiera ver hacia ambos lados y pudiéramos vislumbrar el futuro de nuestras luchas? Hubiera peleado igual si hubiera tocado a ésos millones y millones y millones de seres humanos -incluyendo a todos los ingleses- que no supieron nada sobre él. Incluyendo a esta tica que se lee su biografía y lo trata de adivinar...?
Creo que no... Creo que este hombre (Y tal vez esté equivocada de medio a medio) no hubiera siquiera peleado. Tal vez se hubiera quedado tranquilito con su esposa Philipa cuidando a su país, solucionando los rollos de la peste bubónica y los problemas de seguridad en los caminos ingleses (Que eran el pan nuestro de cada día). Hubiera hecho su trabajo y hubiera pasado mas tiempo con sus hijos, su esposa y sus amigos. Hubiera pasado mas tiempo cazando, leyendo y siendo feliz... Creo que si este hombre hubiera vislumbrado su inevitable temporalidad de ser humano no se hubiera interesado por la guerra si no por ser un buen rey para su gente.
(He de decir que la opinión se divide en los historiadores ingleses... algunos lo consideran genial y otros un irresponsable).
Al final ni siquiera los mas "grandes" entre los seres humanos son realmente recordados. Sus palabras se las lleva el viento y nadie los conoce -como humanos- verdaderamente. Sólo pueden ser interpretados por sus acciones... nada mas. Y es "interpretados".
Al final... y viendo un guerrero mucho mas reciente... ¿Quién ha leído con vehemencia los poemas del Che Guevara? ¿Puede Hildita decir que conoció a su padre?
Entonces... se queda uno pensando... La guerra que se desenvuelve en mi interior... ¿De qué se trata? ¿Vale la pena tener una guerra de cualquier especie por cualquier chunche?
No hay lucha permanente. Nada material... NADA vale la pena.
Sólo el momento presente. La respiración que doy, el Amor que siento, la paz que se mueve en mi alma entre los dos imprecisos instantes pasado y futuro.
Soltar y dejar ir... ver pasar, hacer nuestro trabajo bien para disfrutarlo, sonreír y reír todo lo que se pueda y sencillamente vivir.
Tener es un verbo sobreestimado. Tener razón también está sobreestimado.
Aquí y ahora. El café que me tomo, el sabor del mango maduro en mi paladar, el sonido de las teclas bajo mis dedos... un pitazo lejano, la vibración del corazón en mi pecho... sólo éso. Nada mas.
Gracias Vida por éste momento.

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