¿Querés un website?

jueves, 23 de mayo de 2013

Sólo hay una respuesta... existe o no existe. No hay ambigüedad posible.

He pasado gran parte de mi vida dudando seriamente de la existencia de Dios... Y si, sé que los que me leen acá pensarán que no soy yo la que estoy escribiendo ésto... Porque a veces, y no pocas veces, caigo en la panderetada entre el Curso de Milagros y mi modo de vivir dependiente a ratos casi únicamente de la fe. 
Sin embargo, he de reconocer que mis saltos de fe muchas veces se vieron influenciados por grandes signos de pregunta... Muy raras veces he tenido certezas. 

Y es que la verdad...¡Dios es una amenaza!... A nivel subconsciente, cualquier que tenga un miligramo de culpa interna lo verá como una nube negra deseando el castigo eterno. Y es mas fácil ignorarlo y/o sencillamente condenarlo al ostracismo a enfrentarse con el terror que da su posible existencia... El dios que hemos creado a imagen y semejanza nuestra está hecho desde nuestras fantasías de justicia y castigo... Y si, aterroriza. 
Por éso desechamos la idea y la palabra "dios" llega a ser tremendamente molesta. 
Como una majadería de la que no me quiero enterar... 

Sin embargo, ayer me di cuenta de que sólo existe una posibilidad... Una respuesta. Es un marque con equis, que no incluye "Todas las respuestas"... O Dios existe, o no existe. No hay ambigüedades. No importa la definición. De veras que no importa la definición... Si es un señor de barba blanca, un chavalo crucificado, un carajo sentado debajo de una higuera o una palomita blanca... ¡No importa la historia! ¡Para nada importa! 
Porque al final la pregunta trascendente es: Si a nivel personal, íntimo, en cada paso de mi vida, en cada día, en cada momento... ¿Soy amad@?... ¿Soy apoyad@?
Y si la respuesta, en mi vida, es afirmativa... ¡Puñeta! Sin necesidad de pararme frente al correo a predicar... ¿Puedo vivir con ésa sensación todos los días, a todas las horas... por el resto de mi vida? 

No percibo en lo que no creo. Percibo lo que creo que voy a percibir.
Por tanto... ¿Podría hacerme el favor de creerme y percibirme acompañada, chineada, apoyada y amada para el resto de mi vida? ¿Podría tener la certeza de saber que lo que suceda es para mi mayor Bien? (¿Podría de paso recordar cada día que éste chineo, ésta sensación de ser profundamente amada y apoyada no depende, para nada, de lo que haga o deje de hacer?) 
¿Podrían la culpa y el miedo, ¡Eternos compañeros de camino! dejar entrar a otro Viajero y Guardaespaldas? Difícil que ésos majes lo permitan... saben que les quitan el campo en dos monazos. 

Dependerá de mi a quién le dé la mano... supongo. 
La vaina es que quiero vivir así. Con la Certeza de lo Invisible.
Cuando lo he hecho de verdad... ¡Puñeta! ¡Qué maravilla! 
Al fin y al cabo, Yo, mi esencia, mi conciencia... la que vive dentro de éste cuerpo... también soy invisible... ¿O no? 

Necesitaba sacarlo, y ponerlo sobre la mesa... Porque ayer me di cuenta de que les enseñé a mis hijos a cuestionarlo todo... pero no a tener certezas. Y hay certezas que es mucho mas bonito si se tienen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario